Beneficios
de la música en el desarrollo cognitivo, emocional y educativo
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Iván
Gonzalo Silva Tufiño[*]
Resumen
Escribir sobre los beneficios de la música desde la perspectiva
científica implica, inevitablemente, un ejercicio muy interesante y de asombro.
Pocas actividades humanas logran, como ella, activar simultáneamente
dimensiones tan diferentes del ser: la razón, el afecto, el cuerpo, la memoria.
Este artículo reúne evidencia proveniente de la neurociencia, psicología
cognitiva y pedagogía, para examinar cinco áreas en las que la música demuestra
efectos documentados sobre el desarrollo humano: la inteligencia, sensibilidad
emocional, competencias lectoras, memoria y atención. El presente artículo se
fundamenta en los aportes de investigadores como Howard Gardner, Stefan
Koelsch, Nina Kraus, Oliver Sacks y Daniel Levitin, cuyas obras, construidas
desde distintas disciplinas, convergen en señalar que la música no es un
complemento del aprendizaje, sino uno de sus motores fundamentales, una
herramienta neuro educativa imprescindible en la adquisición de nuevos
conocimientos.
Palabras clave: música y cognición,
inteligencias múltiples, neurociencia musical, educación musical, aprendizaje
socioemocional.
Benefits of music in cognitive, emotional,
and educational development
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Abstract
Writing about the benefits of
music from a scientific perspective inevitably involves a fascinating and
awe-inspiring exercise. Few human activities manage, as music does, to
simultaneously activate such different dimensions of being: reason, emotion, the
body, and memory. This article brings together evidence from neuroscience,
cognitive psychology, and pedagogy to examine five areas in which music
demonstrates documented effects on human development: intelligence, emotional
sensitivity, reading competencies, memory, and attention. This article is based
on the contributions of researchers such as Howard Gardner, Stefan Koelsch,
Nina Kraus, Oliver Sacks, and Daniel Levitin, whose works — built from
different disciplines — converge in pointing out that music is not a complement
to learning, but one of its fundamental drivers: an indispensable neuroeducational
tool in the acquisition of new knowledge.
Keywords: music and cognition, multiple
intelligences, music neuroscience, music education, socioemotional learning.
.
Received : 11-03-2026
Approved: 09-05-2026
INTRODUCCIÓN
Existe una
pregunta que los investigadores musicales llevan décadas intentando responder
con mucha precisión: ¿por qué el sonido organizado en el tiempo genera efectos
muy concretos en el cerebro humano? La respuesta, lejos de ser sencilla, ha ido
revelando que la música modifica al cerebro más que otra actividad humana, ya
que interactúa simultáneamente con varias regiones cerebrales, potenciando
capacidades intelectuales, afectivas y sociales. Una de las actividades
musicales es la lectura bidireccional, el músico lee simultáneamente de forma
horizontal la línea melódica y vertical la armonía.
La educación
musical ha ocupado un lugar marginal en los currículos escolares, considerada
como un relleno antes que una potente herramienta neuro educativa. Pero hoy
sabemos, gracias a trabajos como los de Howard Gardner (1983), Stefan Koelsch
(2010), Nina Kraus, Oliver Sacks (2007) y Daniel Levitin (2006), que la música
no solo enriquece la vida cultural y emocional de las personas, sino que
modifica la arquitectura del cerebro al reestructurar el cableado neuronal,
potencia funciones cognitivas y fortalece vínculos afectivos fundamentales para
la convivencia y mantiene activos los dos hemisferios cerebrales.
Este estudio busca
articular de manera accesible y documentada, los hallazgos más relevantes de
los investigadores en torno a cinco dimensiones del desarrollo humano, en las
que la música ha demostrado efectos significativos.
METODOLOGÍA
La presente
investigación se configura epistémica y estructuralmente como una revisión
teórica de carácter cualitativo y de carácter crítico-analítico. Alejándose
explícitamente de la matriz de los diseños empíricos de tipo cuantitativo o
experimental los cuales priorizan la recolección de datos primarios a través de
instrumentos aplicados directamente a muestras poblacionales, este trabajo
centra su objetivo en la sistematización, el examen riguroso y la reintegración
conceptual del cuerpo de conocimiento existente respecto a la interrelación
entre la música, el cerebro y los procesos cognitivos.
El propósito
central de una investigación de esta naturaleza no radica en la generación de
evidencia empírica nueva de campo, sino en la evaluación, contraste e
integración reflexiva del conocimiento disperso en la literatura
científica. A través del análisis documental reflexivo, se busca identificar
convergencias epistemológicas, disonancias conceptuales, vacíos teóricos y
nuevas avenidas de interpretación que permitan consolidar un marco comprensivo
sobre la neurociencia de la música y la cognición humana. Por tanto, el valor
metodológico de esta síntesis estriba en su capacidad para ofrecer una mirada
holográfica e interdisciplinaria sobre fenómenos complejos que a menudo son
abordados de forma fragmentada por las distintas disciplinas involucradas.
Para garantizar la
validez, la vigencia y la representatividad del corpus documental analizado, se
diseñó e implementó un protocolo sistemático de selección de fuentes teóricas y
empíricas. La estrategia de búsqueda y filtrado se articuló en torno a la identificación
de dos tipos fundamentales de material bibliográfico: fuentes primarias
fundamentales y fuentes secundarias de alto impacto científico.
El proceso de
curaduría documental se rigió bajo los siguientes criterios de inclusión y
exclusión:
Pertinencia
Temática y Conceptual: Se priorizaron aquellas publicaciones centradas en
el procesamiento auditivo, la neurobiología de la percepción musical, la
plasticidad cerebral asociada al entrenamiento musical, la neuropsicología de
las facultades cognitivas y la integración perceptivo-motora.
Calidad y Rigor
Científico: La selección se restringió a literatura respaldada por
procesos de revisión por pares (peer-review) e índices de citación reconocidos
internacionalmente, garantizando que los datos neurobiológicos y las
explicaciones cognitivas adoptadas cuenten con el consenso o el debate activo
de la comunidad científica internacional.
Cobertida
Interdisciplinaria: Se buscaron conscientemente estudios situados en la
intersección de la neurociencia conductual, la psicología cognitiva, la
neuropsiquiatría y la teoría musical, asegurando un diálogo transdisciplinario
sin sesgos hacia una sola postura académica.
Las búsquedas
especializadas se ejecutaron en bases de datos académicas de referencia global,
tales como PubMed, Scopus, Web of Science,
ScienceDirect y Google Scholar, utilizando combinaciones booleanas de
descriptores clave como "neurociencia de la música",
"plasticidad neural", "cognición musical",
"procesamiento auditivo central" y "amusia".
El eje vertebral
de esta revisión descansa sobre el análisis detallado de la obra de cinco
autores fundamentales, cuya trayectoria ha redefinido la comprensión
contemporánea del cerebro musical y la estructura de la mente. La inclusión
intencional de estas perspectivas permite abordar el objeto de estudio desde
múltiples dimensiones:
Howard Gardner
(Teoría de las Inteligencias Múltiples): Aporta la base conceptual para
comprender la capacidad musical no como un mero talento accesorio o una
habilidad secundaria, sino como una modalidad de inteligencia autónoma, con su
propia estructura cognitiva, su desarrollo evolutivo específico y su base
neurológica diferenciada en el cerebro humano.
Stefan Koelsch
(Neurociencia de la Música y las Emociones): Proporciona la evidencia
neurobiológica respecto a cómo las estructuras musicales (armonía, sintaxis
musical y ritmo) activan redes neuronales vinculadas a la emoción, el
aprendizaje sintáctico y el sistema límbico, demostrando la complejidad del
procesamiento cerebral en tiempo real.
Nina Kraus
(Auditoría Biolingüística y Plasticidad Auditiva): Aporta la perspectiva
experimental sobre cómo el entrenamiento musical modela de manera duradera el
tronco encefálico y la corteza auditiva, mejorando no solo la percepción del
sonido musical, sino también las habilidades lingüísticas, la atención
selectiva y el procesamiento del habla en entornos ruidosos.
Oliver Sacks
(Neuropsiquiatría y Fenomenología de la Música): Su enfoque clínico aporta
una perspectiva cualitativa insustituible sobre la relación entre el cerebro y
la música a través de la descripción neuropsiquiátrica de condiciones
extraordinarias (amusias, alucinaciones musicales, afasias y demencias),
evidenciando la resistencia y la profundidad con la que la memoria musical se
arraiga en la arquitectura cerebral.
Daniel Levitin
(Psicología Cognitiva y Procesamiento Auditivo): Contribuye desde la
psicología neurocognitiva y la acústica, explicando los mecanismos mediante los
cuales el cerebro descompone, interpreta y otorga significado emocional y
cognitivo a los atributos del sonido (tono, timbre, ritmo y tempo).
Estas obras de
referencia fueron complementadas y problematizadas mediante el contraste
directo con investigaciones empíricas recientes publicadas en revistas
especializadas de primer orden, tales como Nature Reviews Neuroscience,
Neuron, Journal of Neuroscience, Frontiers in Psychology y Cerebral
Cortex.
El procesamiento
de la información no se limitó a una recapitulación descriptiva o yuxtaposición
cronológica de textos, sino que siguió un método inductivo-deductivo
de análisis sintético y categorización temática. El procedimiento
analítico se dividió en tres fases consecutivas:
Fase de
Descomposición e Identificación de Nodos: Se realizó una lectura analítica
de la literatura seleccionada para extraer los conceptos centrales, hallazgos
experimentales y postulados teóricos referentes a la relación entre estructura
cerebral y procesamiento musical.
Fase de
Triangulación Teórica: Se confrontaron las posturas de los autores de base
con la evidencia neurológica contemporánea. Por ejemplo, se contrastó la
descripción fenomenológica-clínica de Sacks con los hallazgos
electrofisiológicos de Kraus y los modelos neurofarmacológicos y funcionales
expuestos por Koelsch y Levitin.
Fase de
Integración Conceptualmente Crítica: Se articularon los datos dispersos en
ejes temáticos estructurados (tales como plasticidad neuronal, memoria musical,
procesamiento emocional y transferencia cognitiva), lo que permitió trazar un
mapa conceptual integrador sobre el papel de la música en la arquitectura de la
mente humana.
Es preciso
delimitar el alcance metodológico de este trabajo reconociendo las
restricciones inherentes a un diseño de revisión teórica. Al no incluir la
recolección de datos primarios ni la validación de hipótesis mediante diseños
experimentales propios, las conclusiones alcanzadas se sostienen sobre la
validez previa de la literatura analizada.
Sin embargo, la
fortaleza epistémica de este estudio radica en la rigurosidad de su proceso
analítico, en la neutralidad en el filtrado de las fuentes y en la capacidad de
conectar marcos teóricos que a menudo operan de manera aislada. El resultado es
un estado del arte consolidado y actualizado que sirve como plataforma para
fundamentar futuras investigaciones empíricas y aplicadas en los campos de la
neuroeducación, la neurorrehabilitación y la psicología cognitiva.
RESULTADOS
Pocas
ideas en la psicología han generado tanto entusiasmo y tanta confusión como la
noción de que escuchar la obra de Mozart hace más inteligentes a los bebés. Ese
mito, producto de una lectura apresurada de un estudio de 1993, ha sido
reiteradamente desacreditado. Sin embargo, lo que sí tiene un respaldo sólido
es algo diferente y más profundo, “tanto la escucha como la práctica musical
sostenida transforma el cerebro”. Por lo tanto, toda música como arte,
escuchada o ejecutada tiene la capacidad de modificar estructuras cerebrales.
Geraint
Schlaug y su equipo (2015) han documentado que los músicos presentan
diferencias estructurales verificables en zonas del cerebro relacionadas con el
procesamiento auditivo, la coordinación motora y la integración sensorial.
Estas diferencias no son congénitas, se desarrollan con el entrenamiento. La
neuroplasticidad (capacidad del cerebro de reorganizarse en respuesta a una
experiencia) encuentra en la música uno de sus estímulos más potentes.
Howard
Gardner, desde un ángulo distinto, ya había anticipado algo similar cuando
propuso en 1983 su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Para Gardner, la
inteligencia musical no es un talento secundario ni un lujo cognitivo:
"La
inteligencia musical es la facultad de percibir, discriminar, transformar y
expresar las formas musicales. No es un simple adorno, sino una de las primeras
formas de inteligencia que surgen en el ser humano y que sirve como base para
el desarrollo de otras capacidades intelectuales." (Gardner, 1983, p. 99)
Esta
afirmación repercute en la pedagogía y no la hemos terminado de asimilar. Si la
inteligencia musical es autónoma e interactúa con las inteligencias
lingüística, lógico-matemática y espacial, entonces prescindir de ella en la
formación de niños y jóvenes es limitar el desarrollo cognitivo y emocional.
Moreno et al. (2011) lo confirmaron experimentalmente, incluso un entrenamiento
musical breve de varias semanas mejoró la inteligencia verbal y las funciones
ejecutivas en niños en edad escolar. La música, al exigir coordinación
simultánea de múltiples procesos como lectura, control motor, afinación, ritmo
y expresión, entrena el cerebro más que otras actividades humanas.
La
música mantiene un vínculo con la matemática y el lenguaje. La matemática está
presente en el ritmo ya que debemos sumar y dividir tiempos, ejecutar figuras
distintas en cada mano, esto refuerza el razonamiento lógico. Un niño de
educación inicial que empieza a leer las figuras musicales que tienen un valor
inferior a un tiempo, (corchea: medio tiempo, semicorchea: un cuarto de
tiempo), ya está trabajando con las fracciones, sin necesidad de
conceptualizar. Al tocar un instrumento el cerebro procesa la sintaxis musical
igual a la del lenguaje, por eso, los niños que tienen contacto con la música
desde su nacimiento, desarrollan mayor conciencia fonológica y facilidad para
aprender idiomas. Decodificar símbolos musicales y transformarlos en
movimientos para producir sonidos y crear frases musicales, les facilita la
lectura de nuestro idioma.
Hay
experiencias que el lenguaje verbal no logra expresar con facilidad. Una
melodía puede expresar lo que ninguna frase consigue comunicar, esto no es solo
una metáfora, tiene una base neurológica precisa. Stefan Koelsch, uno de los
investigadores más influyentes en la neurobiología de la música, dedicó buena
parte de su trabajo a estudiar cómo el cerebro procesa la música y qué
circuitos emocionales activa. Su hallazgo fue impactante, el cerebro procesa la
música utilizando los mismos circuitos que desarrolló para la comunicación
emocional primitiva, como el llanto, la risa y la voz cargada de afecto.
"La
música tiene el poder de evocar emociones que son difíciles de expresar con
palabras, permitiendo a los individuos procesar y regular sus estados internos
de una manera más profunda." (Koelsch, 2010, p. 131)
Esta
perspectiva transforma la manera en que deberíamos mirar la educación musical.
Si la música activa el sistema límbico y fomenta la regulación emocional,
entonces, practicarla en el aula no sería solo cultivar la sensibilidad
estética, es desarrollar competencias socioemocionales que inciden directamente
en la convivencia, la empatía y bienestar emocional de los estudiantes.
Nina
Kraus llegó a sus conclusiones estudiando la respuesta neuronal de músicos y no
músicos ante sonidos del habla, su equipo descubrió algo notable, los cerebros
de quienes habían recibido entrenamiento musical procesaban el habla de manera
más rápida, precisa y robusta. La pregunta necesaria es: ¿qué tiene que ver la
música con la lectura? La respuesta está en el ritmo, leer no es solo
decodificar letras, es procesar unidades fonológicas en el tiempo, seguir un
flujo rítmico de sílabas y entonaciones. Los niños que manejan bien el ritmo
musical, que pueden marcar un pulso, reproducir patrones rítmicos, anticipar
acentos, suelen también procesar mejor las estructuras temporales del lenguaje
hablado y escrito.
"El
entrenamiento musical agudiza el sistema auditivo de una manera que beneficia
directamente a las habilidades de alfabetización. Los músicos tienen una
respuesta neuronal más robusta y precisa a los sonidos del habla en comparación
con quienes no tocan un instrumento." (Kraus, 2012, p. 45)
Integrar
actividades rítmicas con códigos de tiempo y movimiento (figuras musicales), es
uno de los caminos más eficaces para el desarrollo de la lectura.
Oliver
Sacks, en su obra Musicofilia: Relatos de la música y el cerebro (2007), reunió
decenas de casos fascinantes, personas con amnesia severa que, al escuchar una
canción familiar, recuperaban momentáneamente la coherencia y las vivencias que
la enfermedad les había arrebatado.
"La
música no tiene solo un efecto terapéutico, sino que tiene la capacidad de
organizar y estructurar la memoria donde el lenguaje ha fallado. La respuesta a
la música se preserva incluso cuando otras formas de memoria se han
desvanecido." (Sacks, 2007, p. 211)
¿Cómo
es posible que alguien que no recuerda su propio nombre o el de sus hijos,
recuerde la línea melódica de una canción que escuchaba en su infancia o
adolescencia? La explicación tiene que ver con la forma en que la memoria
musical se distribuye en el cerebro, utiliza distintas redes a las de la
memoria verbal y, al parecer, más resistentes al deterioro. Para la educación,
esto sugiere algo práctico, las canciones, los ritmos, las melodías no son un
simple recurso, son una forma de anclar el conocimiento en estructuras de
memoria más estables y duraderas.
Escuchar
una sinfonía exige del oyente un esfuerzo cognitivo, percibir simultáneamente
varias líneas melódicas, anticipar cadencias, detectar variaciones de tiempo,
timbre y dinámica, todo mientras la obra avanza sin pausa. Es un trabajo
neurológico de alta intensidad, aunque se sienta placentero. Para Daniel
Levitin, que fue productor musical antes de convertirse en neurocientífico, la
música involucra al cerebro de manera más completa que cualquier otra actividad
humana.
"La
música es una de las actividades humanas que más involucra al cerebro. Escuchar
música con atención activa las regiones prefrontales encargadas de la
planificación y el control de impulsos, lo que ayuda a organizar el pensamiento
y mejorar el rendimiento cognitivo." (Levitin, 2006, p. 85)
La
escucha activa de la música, no solo como sonidos de fondo, sino como objeto de
atención, fortalece la atención sostenida, que es la capacidad de mantener el
foco atencional durante períodos prolongados. Esto es la base de cualquier
aprendizaje complejo.
Todo
lo expuesto en este artículo perdería parte de su sentido si no se tradujera en
algo concreto en las aulas. Estos hallazgos no son solo datos para la formación
académica, son argumentos para cambiar la forma de enseñar, para incorporar la
música inmediatamente al campo educativo.
Trabajar
el ritmo en el aula mediante percusión corporal, juegos de movimiento o
dictados rítmicos, no es simplemente hacer una clase de música, es entrenar el
control inhibitorio, esa capacidad de detener un impulso y esperar la señal
adecuada, esto resulta fundamental para el aprendizaje y la convivencia.
Introducir figuras musicales con sus fracciones de tiempo no es solo un juego
didáctico, es aprovechar que el cerebro ya procesa esas relaciones proporcionales
cuando divide el compás y las transfiere al campo de la matemática.
El
canto colectivo en el aula tiene un valor que va más allá de lo artístico.
Cuando los niños construyen rimas, proponen melodías y ajustan el ritmo de sus
palabras, están trabajando simultáneamente la conciencia fonológica, la
expresión oral, la escucha activa y la colaboración. Gardner tenía razón al
manifestar que la inteligencia musical y la lingüística no compiten, se
potencian mutuamente.
En
este proceso, la emoción es el vehículo de la música: ingresa profundamente y
regula el sistema afectivo abriendo las puertas al aprendizaje. Es muy valioso
para quienes presentan barreras en el lenguaje verbal. En esta época, sostener
la atención cuesta cada vez más, por lo tanto, la escucha activa es un
entrenamiento que se debe potenciar.
Finalmente,
la ejecución instrumental, incluso en formatos simples como la percusión
corporal o los instrumentos Orff, genera una activación neurológica de alta
intensidad que modifica la dinámica del aprendizaje.
CONCLUSIONES
Al
leer las obras de Gardner, Koelsch, Kraus, Sacks y Levitin, encontramos que
ninguno de ellos llegó a sus conclusiones buscando demostrar que la música es
importante en el desarrollo integral de los seres humanos, llegaron a ellas
estudiando el cerebro, la emoción, el lenguaje, la memoria, la atención, y
descubrieron que la música va más allá del entretenimiento. En un mundo
invadido por la tecnología y dispositivos digitales, la música es la actividad
que aún mantiene el movimiento coordinado, esto es lo más revelador de toda
esta línea de investigación. La música no requiere figurar como tema
curricular, lo que necesita es que se reconozca lo que la evidencia muestra,
que modifica realmente el cerebro, que fortalece funciones cognitivas
esenciales, que regula emociones, que fomenta la memoria, que entrena la
atención y se conecta con otras áreas del conocimiento.
Estos
descubrimientos demandan una reconsideración profunda del lugar que ocupa la
educación musical en los sistemas educativos contemporáneos. La música no es un
lujo curricular, no debe ser una oferta académica, tampoco un simple
entretenimiento, sino un derecho y un recurso pedagógico de alto impacto. Su
integración sistemática en los procesos educativos representa una inversión en
el desarrollo integral de los niños y en la construcción de sociedades más
empáticas, creativas e inteligentes.
REFERENCES
Gardner, H. (1983). Frames of mind: The theory of multiple
intelligences. Basic Books.
Koelsch, S. (2010). Towards a neural basis of music-evoked emotions.
Trends in Cognitive Sciences, 14(3), 131–137.
https://doi.org/10.1016/j.tics.2010.01.002
Kraus, N., & Chandrasekaran, B. (2010). Music training for the
development of auditory skills. Nature Reviews Neuroscience, 11(8), 599–605.
https://doi.org/10.1038/nrn2882
Levitin, D. J. (2006). This is your brain on music: The science of a
human obsession. Dutton.
Moreno, S., Bialystok, E., Barac, R., Schellenberg, E. G., Cepeda, N.
J., & Chau, T. (2011). Short-term music training enhances verbal
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https://doi.org/10.1177/0956797611416999
Patel, A. D. (2008). Music, language, and the brain. Oxford University
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Sacks, O. (2007). Musicophilia: Tales of music and the brain. Alfred A. Knopf.
Schlaug,
G. (2015). Musicians and music making as a model for the study of brain plasticity.
Progress in Brain Research, 217,
37–55. https://doi.org/10.1016/bs.pbr.2014.11.020
[*] Licenciado en Ciencias de la Educación Mención Pedagogía
Musical
Instituto Superior Tecnológico Universitario Corporativo
Edwars Deming
inteligenciamusical.arte@hotmail.com
ORCID: 0009-0007-3150-6062